Refugio

2022 - Galería 3.14

  • 1. Acrílico sobre gasa, costuras. 80x88cm. 2022

 Refugio

Las obras recientes de Paula Dünner continúan un proceso que a estas alturas parece infinito. Como los propios organismos que describe con afán, su imaginario se reproduce y muta constantemente. Resulta natural que del óleo sobre tela haya transitado a distintas técnicas y soportes; sus criaturas parecen buscar otros ecosistemas. Grabados, textiles, piezas tridimensionales, son algunos de los ámbitos que han habitado, siempre bajo el atento control técnico y cromático que caracteriza al conjunto de su obra. Una metáfora narrativa que puede ayudar a entender una dimensión de su producción, la de su referencialidad. La propia artista -reacia a lo literario en su obra- se ha encargado de subrayar el hecho a través de los títulos de sus exposiciones: “Submarina” (2004), “Nuevas Células” (2010), “Cultivos” (2014) o “La Vida de las Formas” del 2019 dejan claro un interés profundo por aquellos seres que escapan al alcance de nuestra mirada y requieren de asistencia técnica para ser vistas.

Sin embargo, esa aparente literalidad, esconde aspectos menos evidentes. Tal como ocurrió con los primeros artistas abstractos, las sorpresas frente al mundo natural, el encanto de sus formas, el misterio de su vida, actuaba como un catalizador de las fuerzas inconscientes que la ciencia y el psicoanálisis pretendían develar. Las pinturas de Hilma Af Klint, Klee o Kandisnky abrían paso a un territorio de misterios que conectaba el dominio de las criaturas orgánicas -visibles o no al ojo- con aquel espacio espiritual negado por el materialismo moderno. Lo predicó Kandisnky, lo compartió Klee, lo vivió en secreto Af Klint. Esa tríada hizo de la forma abstracta y del color una vía de acceso a una atmósfera -¿psíquica, espiritual?- que encontraba su equivalente en el color. Lo mismo puede decirse de Dünner. Su cromatismo se antoja lo mismo expresión de un interior corporal -no extrañan entonces las múltiples variaciones de rojos y lilas- que una evocación a aquellas paletas propias del Art Nouveau. La fragmentación del plano en la obra de la artista tiene más de alguna conexión con las artes decorativas de aquel período, como la conjunción de líneas y gamas cromáticas propias de artífices como Galle o Tiffany. Un color evocativo, un color cultural y desde luego un color perceptual que se vale con elegancia de contrastes, repeticiones y sutiles variaciones.

En obras tempranas de la artista su reino orgánico albergó solitarias presenciashumanas descritas con refinado realismo. Podían ser cabezas sin pupilas -comoen trance- o imágenes deAlicia en el País de Las Maravillas, ilustradas por John Tenniel. Estas últimas, develaban una conciencia ensimismada, sumergida o sorprendida con los alcances de su propia soledad. En la serie de Alicia, el soporte sufría toda suerte de mutaciones, parafraseando formalmente quizás, la confusión psíquica y cognitiva del personaje infantil, que se nos aparece hoy, como la encarnación de la artista. Alicia convertida en alter ego victoriano, lidiando con un espacio que se le ofrece opresivo y fascinante a la vez. Algo de esa tensión permanece intacto.

Paula Dünner nos presenta aquí una serie de obras de mediano formato. Se trata de piezas concebidas, en gran medida, a través de la técnica del collage. Como se sabe, este procedimiento consiste en la unión de fragmentos de diverso origen. Lo usual es una combinación disímil, contrastante o chocante incluso, de piezas prefabricadas: trozos de tela, pedazos de cartón, impresos varios. No es este el caso exactamente. Los elementos que componen cada una de estas obras, han sido realizados por la propia artista, y armonizan con naturalidad y fluidez. Planos de color alterna con superficies veteadas producidas a través de la técnica del papel marmoleado, un oficio propio de artesanos del papel y la encuadernación que permite crear ambientes cromáticos de una rica textura, en lo que fue uno de los tantos anticipos de las vanguardias originados en el campo del artesanado. Reafirman quizás un impulso autogenerativo, como si los productos del mundo exterior solo pudieran ingresar con el pasaporte de la propia manualidad. El marmoleado que permite un parcial control de quién lo realiza, entra a la obra domesticado a través del corte. Como una jardinera obstinada, Dünner mantiene bajo control cada una de las especies que cultiva en su vivero y en cada una de las unidades que conforman sus abigarrados conjuntos pictóricos distribuye la misma dosis de contención y de elegancia. Un impulso barroco, apenas contenido, habita la obra de la artista y se propaga con la parsimonia y el cálculo de su buen oficio.

En ocasiones las piezas aparecen unidas, de modo ilusionista, a través de lazos, que lo mismo pueden ser venas que dendritas, capilares o vísceras. Pero aquello no puede hacernos olvidar que la artista establece relaciones técnicas muy específicas, que explican tanto las formas individuales que dispone en cada una de sus composiciones, como el modo en que estas se combinan entre sí, generando una forma que escapa casi siempre a las coordenadas ortogonales del cuadro tradicional. No es amiga de las líneas rectas y si de las curvas, arabescos y formas ameboides. El resultado es una obra de contorno singular, una silueta que semeja una colonia instalada en la superficie del muro… para sorprendernos.

Cesar Gabler

Abril 2022


 

Paula Dünner.
Agosto 2019.